ACOMPAÑEMOS EL DESARROLLO DE NUESTROS NIÑOS

Cada niño es un mundo distinto según sus potencialidades, intereses y cualidades. Los padres muchas veces tienen en mente la idea de que sus hijos sean los mejores en todo lo que hacen. De esta manera, tienden a compararlos y a uniformizar el desarrollo que tienen, con el de los demás. Por ejemplo, cuando se piensa que todos los niños deben aprender a caminar, hablar o leer y escribir a una determinada edad. Así, muchas veces guiados por la presión del entorno, les exigen y les transmiten que sean competitivos. Por ello, los niños empiezan a compararse con sus pares y buscan mejorar en base a los logros del otro, sin percatarse de lo que pueden hacer ellos mismos. Esto interfiere en la mirada que pueden tener de sí  y en su autoestima.

Como adultos que estamos a cargo de su cuidado, debemos comprender que cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje, por lo que, unos pueden conseguir algunas cosas en menos tiempo y a otros les puede costar un poco más. Por ejemplo, algunos niños pueden caminar solos antes del año, y otros lograr esto después de cumplir esa edad. Otro ejemplo claro es el control de esfínteres, algunos niños de 2 años pueden controlar sus esfínteres mientras que otros niños logran lo mismo más adelante.

De manera similar, podemos decir que algunos niños pueden contar con mayores habilidades para algunas cosas, mientras que otros no. Por ejemplo, Luis puede disfrutar la clase de ciencias y ser muy bueno en ella, mientras que a Juan le cuesta este curso. Esto no implica que Juan no tenga habilidades en este aspecto solo que su procesamiento de la información aún requiere de mayor desarrollo, o a lo mejor sus preferencias e intereses están centrados en otros temas. Además, si bien puede no ser el mejor en clase de ciencias, no implica que se encuentre por debajo de sus compañeros, ya que puede presentar habilidades como la narración de cuentos o para los deportes.  

En otras palabras, podemos decir que “ningún niño es igual a otro y no se puede exigir lo mismo a todos. Las capacidades de los alumnos pueden ser muy diferentes entre sí y se debe tener en cuenta para respetarlo y que los niños no caigan injustamente en la frustración de sus posibilidades por haber sido tratados de forma inadecuada y sin haber sido respetados en cuanto a su ritmo de aprendizaje” (Roldán en Etapa Infantil, 2016). En este sentido, es importante tomar conciencia de qué le estamos transmitiendo a nuestros hijos. Hay que motivarlos a lograr las cosas que se proponen, siendo un apoyo para ellos y respetando sus ritmos. Además, acompañar esta idea rescatando que no es necesario tener éxito y ser el mejor en todo.

Las exigencias del colegio ponen a nuestros hijos en una posición de constante comparación con sus amigos o compañeros de salón. Muchas veces los profesores esperan que todos los niños aprendan cosas nuevas a la misma velocidad y a la misma edad. Por ejemplo: aprender a leer entre los 5 y  6 años. Programan y evalúan actividades, esperando que se obtengan los mismos resultados, lo que señala poco conocimiento del desarrollo madurativo de sus alumnos. Es así que promueven un espíritu competitivo (notas, exámenes, premios) que lleva a los niños a sobreexigirse, desmotivarse o frustrarse cuando no pueden conseguir lo que se espera de ellos.

Como hemos visto, es importante ayudar a nuestros hijos a entender que cada quien tiene su propio proceso de aprendizaje, y que sin bien algunos son más rápidos para algunas cosas, otros pueden ser buenos para cursos o actividades diferentes. Claro está que es necesario que desarrollen una serie de aprendizajes, pero podemos ayudarlos a quitarles la presión de encima, dejando de compararlos con sus amigos y más bien incentivarlos y ayudarlos a adquirir destrezas y habilidades desde la calma y motivación.

No olvidemos cómo nos sentíamos cuando nuestros padres nos exigían muchas cosas y la frustración que podía generar en nosotros, al no poder cumplir con sus expectativas. Esto puede saturar sus potencialidades y generar dificultades a nivel emocional. Además, debemos de tener en cuenta que nuestros hijos están en una etapa en la que aún se encuentran construyendo su identidad.

La sobreestimulación no es buena para los niños. Por ejemplo, desde que están en en el vientre materno, hemos escuchado que “sería adecuado” hacerlos escuchar música en inglés, y así de grandes se les facilite aprender el idioma. Luego, después que nacen, “que sería bueno tengan diferentes actividades para que estén ocupados y desarrollen deportes, danza, gimnasia, entre otros, demandándoles gran cantidad de energía. Esto, no sólo les quita tiempo e impide que procesen sus emociones, sino que no les permite tener un espacio para que puedan hacer lo que ellos gusten libremente; olvidándonos que la creatividad, imaginación y tiempo libre son necesarios en su desarrollo.

Desde el Centro Vinculare consideramos que es sumamente importante enseñarles a amarse y valorarse a sí mismo desde sus diferencias. En ese sentido, es adecuado apoyarlos y acompañarlos mientras potencian y mejoran sus propias herramientas para enfrentarse a la vida cuando no estemos presentes. Asimismo, como padres que tenemos una influencia bastante cercana en nuestros hijos, debemos dar el ejemplo. Por ende, respetemos el propio ritmo de aprendizaje que tienen para que aprendan a respetar a los que pueden ser diferentes a ellos. Esto los preparará al contacto que puedan tener con otras personas, ayudándoles a tener más apertura y sensibilidad con niños que presentan dificultades y necesidades especiales.

Bibliografía

http://ovejarosa.com/el-respeto-por-el-ritmo-de-aprendizaje-de-nuestros-hijos/

https://www.etapainfantil.com/respetar-ritmos-aprendizaje

http://educaflash.com/5-motivos-por-los-que-respetar-el-ritmo-de-aprendizaje-de-los-ninos/