¿CÓMO SER PADRE HOY EN DÍA?

En la actualidad, debido a la velocidad con que vivimos, el estrés que genera el trabajo o las múltiples ocupaciones en que están inmersos a muchos padres les cuesta establecer límites claros y asertivos acorde a la edad de sus hijos. Así mismo, alcanzar un equilibrio entre ser demasiado estrictos o demasiado permisivos dentro de su rol en la crianza.

Los niños necesitan ciertas pautas que los ayuden a guiar su comportamiento, lo cual es fundamental para su desarrollo. Por ello, la infancia es el mejor momento para ayudarlos a desenvolverse adecuadamente en su entorno. En este proceso, es sumamente importante la presencia del padre como una figura que brinda cuidado y afecto. Una forma de expresarlo es por medio del establecimiento de reglas de manera concreta y firme (ser consistentes con lo que decimos y hacemos), pues así estaremos ayudándolo a ordenarse, mientras se facilita la autorregulación a través del aprendizaje y la interiorización de normas.

Para llegar a ello, podemos utilizar la asertividad como base de nuestro actuar. Pero, ¿qué es la asertividad?, Marco Marueta la define como “la habilidad para actuar o expresar las ideas y sentimientos propios de manera adecuada, es decir, en forma serena, sin manifestar ansiedad o agresividad ante una o más personas” (Guía infantil, 2018).

De esta manera, ser un padre asertivo es saber poner límites a nuestros hijos, comunicándoselos de manera precisa, firme; sin agresividad. Por ello, podemos utilizar palabras sencillas y el tono de voz adecuado en el momento y tiempo oportuno para dar a entender lo que queremos ante conductas no apropiadas.

Algo importante para tomar en cuenta es procurar no dejar interrogantes en el niño para que se pueda transmitir el mensaje sin conflicto. Sin embargo, si estas aparecen será importante brindarle al niño las explicaciones pertinentes con el fin de esclarecer sus dudas.

Asimismo, podemos conectarnos con nuestros hijos a través de la mirada, sus gestos, su postura y su actitud cuando le está hablando. De esta forma, le estamos expresando al niño nuestro interés por él y sus necesidades. Por esta razón, es muy importante dejar de lado cualquier otra actividad o incluso los dispositivos electrónicos que muchas veces pueden tener nuestra atención para darse un tiempo en comunicar claramente lo que se quiere dar a entender.

Así también, tratemos de no confundirlos con nuestra conducta o actitud. Por ende, exterioricemos en lo posible un comportamiento coherente. En esta línea evitemos mostrarnos pasivos algunas veces, sin decirles nada, o agresivos en otras, castigándolos ante las conductas que presenten nuestros hijos y nos cueste manejar. Además, intentemos no atribuirle una característica a la personalidad del niño por un error específico; por ello, la importancia de tener cuidado al momento de transmitir el mensaje.

En ocasiones, llegar cansados después de un día largo en el trabajo, puede generar que reaccionemos de manera agresiva con nuestros pequeños, entrando de frente a poner pautas o límites desde que pisamos nuestra casa. Incluso podemos recurrir a las amenazas y a los gritos, que pueden surgir por el estrés del momento.

Esto puede generar también fastidio o tristeza en nuestros niños, quienes nos esperan para compartir al menos un momento con nosotros, pues no nos han visto en todo el día. Por ejemplo, si nuestro hijo se está trepando a una repisa alta, en vez de gritarle o castigarlo por realizar ese comportamiento, podemos explicarle que no es posible que se suba allí porque puede hacerse daño, y lo estamos cuidando; decirles que si necesita algo puede avisarnos para que se lo alcancemos.

Al momento de ponerle límites a nuestros hijos, comencemos validando lo que desean expresarnos con su comportamiento, reconociendo así su enojo, frustración o sus ganas por querer hacer algo en ese momento. Luego, comuniquemos la pauta o indicación, explicando que probablemente no sea el momento adecuado para ello o incluso señalar la consecuencia de su conducta. Finalmente, podemos brindar una solución adecuada para la situación.

Por ejemplo, si estamos cocinando y de repente vemos que nuestro pequeño está con un cuchillo filudo en la mano, tratando de cortar alguna verdura que se encuentra sobre la mesa. En vez de gritarle o castigarlo por esta acción, podemos decirle que entendemos que nos quiera ayudar a cocinar, pero que no es posible que use ese cuchillo pues puede hacerse daño. Además, es bueno acompañar este límite de una solución diferente, por ejemplo, decirle que nos ayude a limpiar y poner la mesa mientras nosotros terminamos de cocinar.

Hoy en día, muchos padres se encuentran sobrecargados con la demanda de trabajo, llegando a su casa cansados y sin muchas ganas de interactuar con sus hijos pequeños. Es normal que en ocasiones prefiramos llegar a dormir o ver nuestra serie después de una larga jornada laboral; pero también es necesario dedicarles tiempo a nuestros hijos, pues nosotros también somos parte importante de su vida, quienes muchas veces nos esperan despiertos para jugar al menos 10 minutos con nosotros.

Una buena forma de vincularnos con ellos es al momento del juego o del baño. Es en el juego donde podemos interactuar abiertamente con nuestros niños, dejando fluir nuestra imaginación y dejándonos abrazar por el disfrute del mismo. Mientras que, el baño es un espacio de mayor intimidad con nuestros hijos, siendo una forma de participar directamente de sus cuidados básicos. Ambas actividades nos ayudan a trabajar el vínculo con nuestros pequeños y a mejorar nuestra relación con ellos, he ahí la importancia de realizar al menos una actividad de la rutina diaria de nuestros hijos. Por lo cual, es importante poder equilibrar nuestro rol profesional con el cuidado de nuestros pequeños, no delegando este último solo a la madre.

Desde el Centro Vinculare, consideramos que el padre también es partícipe en la crianza de su hijo y, por ende, debe trabajar en conjunto con la madre, guardando congruencia entre lo que ambos pueden decir y/o hacer y estableciendo un equilibrio entre ser claro y directo, y al mismo tiempo, afectuoso. Asimismo, es importante mantener la coherencia entre lo que se piensa, se dice, se siente y se lleva a cabo. De esta manera, el padre al poner ciertos parámetros a la conducta de su hijo, contribuirá a crear un espacio seguro para que pueda desarrollarse, ayudando así adecuadamente a su proceso de crecimiento y fortaleciendo el vínculo seguro y cálido que puede tener con este.

Bibliografía

http://soniagonzalezb.com/padre-asertivo/

https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/escuela-de-padres-soy-asertivo.html

https://www.guiainfantil.com/articulos/educacion/autoestima/la-asertividad-en-los-ninos/

https://soydondenopienso.wordpress.com/2009/02/16/padres-sin-autoridad-ninos-sin-limites-hijos-sin-rumbo/

https://www.serpadres.es/1-2-anos/educacion-estimulacion/articulo/la-importancia-de-limites-para-los-ninos-881479297464